Seamos francos y llamemos a las cosas por su nombre. Europa sigue siendo la segunda división del golf mundial. Con esta afirmación obviamente no me estoy refiriendo al talento golfístico de nuestros jugadores, sino más bien a la capacidad de nuestro Tour para mantener dicho talento bajo su protección. El Circuito Europeo, al menos hasta la fecha, sigue siendo incapaz de restar el mínimo protagonismo al circuito norteamericano y no cabe duda de que todo el “tinglao” de la Race to Dubai es un intento, creo que a priori poco acertado, de las mentes pensantes del Tour para conseguir reactivar el prestigio de un Circuito herido en su base (los jugadores).
El Tour ha escogido a mi modo de ver, el camino fácil. “¿Queremos dinero para el Circuito?, pues consigámoslo rapidito (aunque eso pueda hipotecarnos)”. Efectivamente al final, todo es una cuestión de dinero y a corto plazo el dinero no estaba en Europa sino en Dubai. El problema es que los atajos suelen traer baches…
Creo que lo que realmente ha ocurrido aquí, no es más que la venta temporal del circuito (el contrato con Dubai se firmó para cinco años, prorrogables otros tantos). “Prostituyámonos a cambio de dinero durante un tiempo”, debió pensar algún gerifante. ¿Que hay que jugar la gran final del circuito fuera de Europa?, pues se juega; ¿que hay que tener una sede internacional del Circuito en Dubai?, pues se tiene.; ¿que hay que mantener un centro de alto rendimiento para nuestros jugadores también en Dubai?, pues también se tiene. De momento vamos tirando y la globalización nos servirá de excusa.
En el otro lado de la moneda tenemos a los árabes. Para entenderlo, hay que partir de la base de que Dubai no es una ciudad estado sino más bien una empresa. Para muestra un botón: Dubai World es el brazo financiero del gobierno y uno de los más importantes holdings a nivel internacional. Con multitud de filiales en casi todos los sectores económicos, es uno de los más importantes impulsores de todo lo que durante los últimos años ha estado pasando por aquellos lares. Faraónicos proyectos inmobiliarios, inversiones para catapultar la zona como uno de los centros financieros mundiales y el único y constante objetivo de convertir a Dubai en un lugar exclusivo para ricos y famosos del mundo entero. Lástima que todo ello haya sido a costa de una desorbitante deuda cercana a 80.000 millones de dólares (sí, sí 80.000 millones). Los petrodólares lo garantizaban todo. En cualquier caso una burbuja en toda regla.

Pues bien, en este estado de cosas, el golf ha jugado su pequeño papel. Obviamente la visibilidad en términos de publicidad y marketing que garantiza auspiciar una prueba como la Race to Dubai no es moco de pavo. Para ello, Leisurecorp (empresa perteneciente a Dubai World) pone encima de la mesa del Circuito Europeo unos cuantos millones y aprovecha uno de sus proyectos inmobiliarios (el Jumeirah Golf Estates) para vender vía televisión y a todo el mundo los campazos que hay en pleno desierto, con villas a medio hacer que seguro estamos a tiempo de comprar.
He de decir que la actitud de Dubai me parece del todo lícita puesto que, al fin y al cabo, no es más que una gran empresa que maneja sus dineros como mejor cree. Sin embargo, el Circuito Europeo debería ser algo más que una empresa. No en vano, frente al dinero está el prestigio deportivo (vale, llámame idealista pero no me imagino bajo ningún concepto que el Masters de Augusta se jugara en Sevastopol simplemete porque allí pusieran más dinero en premios…).
Sea como fuere, como decía antes, los caminos fáciles suelen traer baches. El primero fue hace algún tiempo, cuando Leisurecorp comenzó a renegociar con sus proveedores más importantes, mejoras en precios y pagos. Nada raro tal y como están las cosas, pero sí un gesto indicativo de que quizás no es oro todo lo que reluce. George O´Grady -jefazo del European Tour- insistía en que el acuerdo con Leisurecorp es del todo seguro. Ojalá lo sea, aunque desgraciadamente durante esta semana hemos cogido otro bache: Dubai World acaba de pedir a sus acreedores (es decir, a los bancos) una moratoria en el pago de la deuda que vence en los próximos días (unos 4000 millones de dólares). Las alarmas han saltado en los mercados financieros y ya se habla de lo que podría ser el mayor “default” de un Estado, desde Argentina 2001. Algo así supondría un desastre total para el Circuito Europeo, que tendría que volver con el rabo entre las piernas y resucitar la vieja Orden de Mérito o “inventarse” algo nuevo sobre la marcha.
No quiero ser agorero y realmente deseo que la sangre no llegue al río. La apuesta que el Circuito Europeo ha realizado es importante, aunque haya sido a costa de perder parte de su identidad. Realmente se lo juegan todo a una carta, “jugaran los mejores porque nos han dicho que tendremos dinero para ofrecer suculentos premios”. Esperemos que ese dinero no se vaya tan rápido como llego…
Saludos y buen golf para todos.