Una de las mejores cosas que tiene el golf es que uno, por mucho que no quiera, recibe cada poco tiempo lecciones de humildad impagables. Es como una especie de maldición: se dice ”estoy pateando de cine” y al día siguiente no entra una. Todos hemos vivido esas curas de humildad en alguna ocasión.
Algo parecido le ha pasado a Tiger: “este año el Grand Slam es asequible” y la
primera en la frente. Todos dabamos como seguro que vestiría la chaqueta verde en 2008, pero lo cierto es que no vimos a Tiger jugando al nivel que traía desde comienzos de la temporada. Aún así, quedó segundo y llego a tener sus opciones (el larguísimo pat que metió en el 11 hizo presagiar a más de uno que la remontada estaba servida) . Lo peor para el número uno del mundo es quizás, que éste podía haber sido un Masters muy fácil de ganar para él.
En cuanto a Immelman, lo más sorprendente fue verle capaz de fabricar la renta suficiente de golpes a base de jugar muy sólido los pares 4. De hecho, su resultado global de las cuatro rondas en los pares 5 fue de tan solo -3 (frente por ejemplo, los -6 de Snedeker). Ya comenté que creo que es un dignísimo ganador de Augusta, pese a que su última vuelta fue la más alta (75) de un ganador del Masters desde 1962.
Pero si el ganador fue una sorpresa, hubo otro jugador que se llevó la palma en lo que a “sorprendente” se refiere: Snedeker. Hay quien ya se ha declarado fan incondicional y como siga así, yo también lo haré. Su primera participación en el Masters fue en 2004 y en condición de invitado amateur. Nadie hubiera apostado a que 4 años más tarde y en su primera participación como profesional, daría el juego que ha dado. Su desparpajo y esa forma de ponerse a la bola y pegarla sin ninguna contemplación, ha calado en todos los que estuvimos pendientes del Masters.
Destacable ha sido también la actuación de Miguel Angel Jiménez que hizo un vueltón de 68 el último día, y se coló en el top ten del Masters como quien no quiere la cosa. Lo del “pisha” es muy grande. Esa filosofía de vida que tiene él, tan en desuso hoy en día y que ha conseguido trasladar al campo, es para mí una lección de cómo afrontar este juego del golf.
Andrés Romero ha sido otro de los destacables en esta edición del Masters. Venía avisando y se esperaba mucho de él. El argentino no ha defraudado a nadie. Fue fiel a su estilo agresivo de juego y no se arrugó en ningún momento pese a ser su primera participación en Augusta. Finalmente, quedó en octava posición y ha conseguido pasar del puesto 114 al 51 en el ranking. Este Masters le ha servido para confirmar que ha llegado para quedarse y que sus buenos resultados no van a ser flor de un día.
Otro cantar han sido jugadores como Sergio, Luke Donald, Sabbatini, Ernie Els ó Camilo Villegas. Todos esperábamos algo más, pero ninguno fue capaz de superar el corte. Cada uno de ellos, de una forma u otra, anda inmerso en el “lado oscuro” del golf y esperemos que no tarden en salir de él.
En el apartado de las “decepciones personales” tendría que nombrar a Rose y Mickelson. El primero porque no entiendo como es posible que con lo realmente bien que le estaba pegando, se viniera abajo a partir de un golpe de mala suerte (hoyo 8, tercera jornada: approach perfecto que hubiera supuesto un birdie fácil pero que, desgraciadamente dá en la bandera y aleja la bola del hoyo. Finalmente 3 pats y bogey). En cuanto a Rose, todos vimos como ”se lió la manta a la cabeza” de mala manera y de una forma un tanto impropia para un jugador de su categoría.
Pero, sin duda, lo que más ha quedado este año en entredicho ha sido el propio Torneo. Es algo que ya empieza a hacer “pupita” en Augusta. Durante los dos últimos años el guión del Torneo se ha resquebrajado. Primero fue Zach Johnson y ahora Immelman. Dos “desconocidos” que ganan el Masters. ¿No era tan difícil ganar en Augusta?. Pero además, ¿dónde quedó la emoción del último día?. ¿Cómo es posible que un recien llegado como Snedeker mantenga tantas opciones durante la última jornada?. De todo esto se ha hablado mucho (y lo que te rondaré morena), pero creo que estas cosas hay que verlas con cierta perspectiva y que, si bien es cierto que últimamente el Masters está “raro”, cualquier conclusión sería precipitada.
Saludos y buen golf para todos.
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